Me desperté a las 11:00 am, es lo que me gusta de los Sábados, pero no era un Sábado cualquiera, era 23 de febrero del 2000, mi cumpleaños número 14. ¿Por qué será que en estos días te pones a pensar en cómo ha sido tu vida?
Me llamo Mary Eurídice Bennett Laine, nací en Liverpool en 1986, crecí con mi madre hasta los 11 años. Tristemente ella murió 2 meses después de mi cumpleaños y entonces me mandaron con la tía Mary Elizabeth Bennett, hermana de mi también difunto padre; a él nunca lo conocí pues sufrió un accidente de auto antes de que yo naciera, a pesar de que mi madre me cuidaba mucho siempre pené que murió de tristeza por mi padre, a pesar de los años. No puedo decir que no le estoy agradecida por todo a la tía Elizabeth, ella era muy adinerada y nunca me falto nada, pero es una mujer ya grande y sinceramente no nos llevábamos muy bien. Estoy segura de que yo nunca le agradé pero aún así me acepto y me cuido hasta los 13 años; fue cuando ambas decidimos que yo me mudaría al internado.
No era solo mi cumpleaños también cumplía un año de haber llegado al mejor internado de Londres. Recuerdo mi primer día, todos me recibían con gusto. Amanda no solo fue mi primera concejera escolar, también fue mi guía ese día, hasta la fecha somos grandes amigas. Le agradezco mucho que me haya presentado con Maika y Grace quienes al conocerlos se convirtieron rápidamente en mis mejores amigos.
Una semana después de llegar, vi a un chico rubio de ojos verdes, colgando un hermoso cuadro del internado pero pintado en muchos colores, no pude evitar observar esa pintura durante semanas era maravillosa; hasta que un día cuando observaba el cuadro muy detenidamente una voz me sorprendió por detrás:
-¿Te gusta?- era él, el chico de ojos verdes, estaba tan nerviosa que me limité a mover la cabeza en señal de aprobación.
-Me llamo Joule-dijo él entonces.
-Eurídice-respondí.
-Muy lindo nombre-continuó-que bueno que te guste mi pintura, ésta precisamente es una de mis favoritas.
Creo que era una de mis favoritas también, yo no sabía mucho de arte pero estaba segura de que eso si lo era. Joule se despidió de repente:
-Bueno espero verte luego por aquí, yo también suelo ver mucho esta pintura.
El habrá dicho “espero verte luego”, pero yo esperaba verlo pronto. Después de todo creo ya se había dado cuenta de que observaba tanto esa pintura como él. Se fue y lo vi irse hacia la barda del patio trasero del internado, la saltó y entro por el balcón de una linda casa pegada al muro. Creí que jamás volvería a verlo, dicen que los ángeles se aparecen una solo vez, pero me equivoqué, las semanas fueron corriendo y ahí estaba Joule viendo de vez en cuando la pintura y yo feliz de hacerle compañía; con el tiempo nos volvimos tan amigos que me enseño a trepar el muro hacia su casa para que pudiera verlo siempre que quisiera.
Juole también vivía solo, él, como yo, era huérfano y vivió con su tía hasta los 17 años que fue cuando lo conocí y empezaba a vivir solo en la casa pegada al muro trasero del internado. Pero él ya tenía 18 como yo apenas 14, aunque lo visitara seguido y nuestras historias fueran tan similares él para mi seguiría siendo solo un sueño imposible
Grace y Maika tocaron a mi puerta:
-¡Eurídice feliz cumpleaños!-dijo Maika
-Gracias –contesté
-Tengo algo para ti-sacó de su bolsillo una pequeña cajita azul, con toda mi emoción la abrí y vi una cadenita muy delgada-no quise colgarle nada-continuó-quiero que tu escojas algo muy especial para colgar ahí.
Maika siempre fue así, un chico dulce y brillante, tanto que me dolía no poder corresponder a sus sentimientos.
-Aquí está el mío- dijo Grace entonces-Era un perfume dentro de una linda bolsita rosa, no esperaba menos de ella y su dulce vanidad. Aunque no sea tan vanidosa como ella debo admitir que me gustó el detalle.
-Muchas gracias a los 2- me limité a decir pues creo que mi expresión de gusto ya lo había dicho todo.
-Por cierto-dijo Grace-Amanda quería verte antes de partir tu pastel.
Entre a la oficina de Amanda, suponía que quería felicitarme, siempre me tuvo mucho cariño, pero no solo quería eso.
-Feliz -cumpleaños-dijo-no sabes lo feliz que estoy.
-Gracias-dije-creo que yo también estoy feliz.
-Quiero llevarte a un lugar, te tengo una sorpresa.
Me llevo a una bodega llena de objetos, muchos comunes otros no tanto
-Éste lugar está aquí desde que fundaron el instituto, recogen las cosas perdidas y las meten aquí, probablemente veas cosas muy viejas, hasta donde yo sé nunca han donado o regalado nada. Quiero que tú escojas algo
Era una bodega pequeña con repisas de metal empolvadas y todas llenas de cosas curiosas, lo primero que me llamó la atención fue una caja de música, me sorprendió que aún sirviera perfectamente , sería un regalo perfecto para mí, pero algo lastimo mis ojos, como si fuera el reflejo de un espejo que lastima la vista, pero no había luz ahí; excepto por ese objeto, parecía un diamante pulido en forma de esfera del tamaño de mi mano ,pero al tocarlo se sentía hueco y viéndolo de cerca la ilusión de parecer un diamante se destruía al notar que era de cristal. Muy pequeño, simple y sin importancia ni uso alguno, pero sentía algo que me decía q tenía que tenerlo y entonces dude en cuál sería mejor.
-Si gustas puedes llevarte los dos.-dijo Amanda al verme dudarlo tanto-Sé muy bien que las cajas de música te recuerdan a tu madre.
Ella tenía razón, así que tome ambos y salí de ahí.
- Te espero en 20 minutos en el comedor-dijo mientras cerraba la bodega –ve a dejar eso a tu habitación por que ya es hora de partir tu pastel.
Después de ir a mí habitación pensé que tenía otros minutos libres y sabía que él estaría ahí, donde siempre suelo verlo para que observemos lo mismo juntos. Al verme corrió y me cargo en un abrazo.
-Feliz cumpleaños-dijo y beso mi mejilla mientras me bajaba – no sabes que feliz estoy.
-Gracias Joule-dije-sabía que estarías aquí.
-No podría fallarle a mi mejor amiga ¿o sí?
Amiga. Una palabra tan dulce pero que a mí me llenaba de tristeza.
-¿Qué pasa? – continuó
-Nada, es la emoción de verte aquí ah sido mi mejor regalo.
-¿En serio? Yo también te tengo uno-sacó de una mochila un sobre y me lo entregó. Al abrirlo vi el mejor regalo que pudieron haberme dado.
-¡Soy yo! Dije emocionada
-Así es, pero ni el mejor carboncillo podría pintar ese brillo deslumbrante de tus ojos.
Me puse nerviosa con sus palaras pero lo intenté disimular.
-¿Qué traigo puesto?-pregunté-no recuerdo tener un collar igual al que aparece en este dibujo.
-Cierto, casi lo olvidaba-Joule sacó de su bolsillo un relicario-esto es para ti y para que lleves a tus padres.
-¿De donde sacas te la foto?-era la foto de mis padres en el relicario, justo igual a la que tenía junto a mi cama.
-Me costó mucho conseguirla sin que te dieras cuenta, pero pude hacerte una pequeña copia y ponerla ahí, quería que fuera algo muy especial.
No lo pude evitar, mis ojos se llenaron de lágrimas y lo abrasé muy fuerte. No podría describir ese abrazo, tenerlo tan cerca me hacía sentir la chica más especial, como si nada más existiera y solo estuviéramos los dos. Quería que todo fuera verdad, estar a su lado en el lugar perfecto donde nada es más importante que nuestra felicidad.
Nunca olvidaré el deseo que pedí mientras apagaba las velas de mi pastel:
“Deseo una tierra de ensueño, deseo que Joule este conmigo, deseo la eterna felicidad”
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